CLASIFICACION DEL ESPAÑOL

En el español podemos distinguir DOS GRANDES VARIEDADES:

• Las hablas septentrionales, fundamentalmente castellanas. (A, B, C)

• Las hablas meridionales, entre las que se encuentran el andaluz, el extremeño, el murciano, el manchego y, como modalidades ultramarinas, el canario y el español de América. (D,E,F)

 

Algunas de estas modalidades se consideran de transición dado que presentan rasgos de hablas diferentes. Éste es el caso del extremeño (con rasgos leoneses y meridionales), el murciano (con elementos aragoneses y meridionales) y el riojano (con elementos castellanos, aragoneses y navarros). Habría que contar, en fin, con otras modalidades, como la que corresponde al castellano de las zonas bilingües peninsulares o las de carácter comarcal o local, de extensión muy limitada.

El español de América

Usamos esta expresión para referirnos al uso que hacen del castellano los hablantes de diversos países americanos, debido al proceso de hispanización que se inicia en 1492 con la conquista de América. La propagación del castellano fue una labor de siglos que llegaría a su mayor extensión hacia el siglo XVIII, como lengua de la administración, la Iglesia y la cultura. Al mismo tiempo ejercerían un papel importante la variedad de lenguas autóctonas que se seguían hablando (algunas todavía se hablan), y que presentaban un mapa lingüístico muy complejo. El castellano que llega en sus inicios a América es una lengua fuertemente dialectalizada, al no poseer un sistema fijo, que a su vez iba a estar mediatizado por el tipo de colonizadores que iba a las tierras conquistadas (andaluces, extremeños, gallegos). Problemas de sustratos étnicos, y la imposición de una lengua diferente, constituyen los factores esenciales para el estudio de la realidad lingüística de América.

Las lenguas indígenas más importantes que subsisten en la América hispana son el náhuatl y el maya (Méjico); el araucano (Chile), el aimara (Perú y Bolivia), el quechua (Bolivia, Argentina, Ecuador…) y el guaraní (Paraguay). Numerosos vocablos de estas lenguas se han incorporado al español general; otros permanecen en las áreas del castellano que están en contacto con idiomas indígenas. Son voces americanas incorporadas al español: patata, cacao, chocolate, jícara, canoa, mico, tiburón, caucho, huracán, quina, jauja, hamaca, tomate, maíz, tobogán, etc.

Extensión actual

El español es la lengua oficial de dieciocho repúblicas hispanoamericanas: Argentina, Uruguay, Paraguay, Chile, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala, Méjico, Cuba y República Dominicana. También se habla español en otros lugares de América, pero convive con el inglés: Puerto Rico, numerosas islas de las Antillas, y en EEUU, en Nuevo Méjico, Arizona, Texas, California. Además, se habla también en Filipinas (con el inglés y el tagalo), en territorios españoles de África y en las colonias judías (sefardíes) de África, Balcanes y Próximo Oriente.

Rasgos fonéticos del Español de América

Es clara la impresión de “andalucismo” que produce el español hablado en América, que comparte con el andaluz los rasgos siguientes:

  • seseo (pronunciación de c y z como s)
  • yeísmo (pronunciación de ll como y)
  • aspiración o pérdida de la -s final de sílaba o palabra (mohca por mosca)
  • confusión mutua de r y l (pielna por piena; sordao por soldado)
  • aspiración de la h- inicial procedente de la f- inicial latina (h’ilo por hilo)

Estos hechos son producto de que los andaluces que pasaron a América en los primeros momentos de la conquista (hacia 1519) constituían el 60 por 100 de los españoles y portugueses emigrantes; y aún fue mayor la proporción de andaluzas (67 por 100). Los fenómenos anteriormente descritos arriba, estaban ya en avanzado estado de desarrollo a fines del siglo XV, en el sur de la Península y en Canarias.

La influencia decisiva del andaluz sobre el español de América, hay que buscarla en los primeros años de la conquista (lo que se llama el “período antillano”). En efecto, Colón descubrió todas las Antillas, y en la isla La Española (hoy Santo Domingo) se instalaron los primeros órganos de gobierno, administración, evangelización y cultura. Fue allí donde se asentaron los primeros colonos y se fundó la primera sociedad criolla; a esta sociedad se refiere el fuerte porcentaje de andaluces a que antes nos hemos referido. En aquellas islas, el idioma adquirió un perfil andalucizado, como resultado de la mayoría demográfica andaluza. Por fin, las expediciones conquistadoras y colonizadoras que partían de las Antillas difundían por el nuevo continente los mencionados rasgos del español, en proporciones y distribuciones muy variadas.

Rasgos morfosintácticos. El voseo.

Presenta el español de América tendencias y variantes morfológicas irregularmente repartidas:

  • Extensión del plural a casos como ¿qué horas son?, las onces, hace tiempos, etc.
  • Adverbialización del adjetivo más frecuente que en España: ella viste lindo, subía fácil, me miró feo, etc.
  • Frecuente anteposición del posesivo: mi hijo (por hijo mío), mis amigos (amigos míos)
  • Empleo de yo con preposición: a yo, de yo, con yo, etc.
  • Preferencia por canté, frente a he cantado, y de cantara por había cantado: hoy estuve (por he estado) con él
  • Tendencia a diferenciar el género en adjetivos y nombres que no distinguen masculino y femenino: huéspeda, tenienta, bromisto, pianisto.
  • Superlativo con mucho, muy y lo más + adjetivo o adverbio: es mucho muy linda, lo más linda
  • Uso peculiar de las preposiciones: llegar en la mañana, ingresar a la escuela, caer a la cama (=“enfermar”)
  • Utilización del posesivo detrás del adverbio: delante suyo, encima nuestro.
  • Uso de perífrasis en lugar de las formas simples correspondientes: estoy pudiendo (“puedo”), te hemos de contar (“te contaremos”), vamos a ver (“veremos”)
  • Uso de verbos inusuales en forma reflexiva: me saludé con Juan, se volcaron unos autos, me soñaba que hacía un viaje.
  • Concordancia falsa de haber y hacer impersonales con su complemento directo: había(n) varias personas, hace(n) días que no lo veo
  • Dequeísmo frecuente: le dijo de que viniera a la hora
  • Se prefiere la construcción impersonal a la pasiva refleja: se alquila casa y no se alquilan casas.
  • Frecuente uso de locuciones adverbiales: a cada nada (a cada rato), a la disparada (fuga precipitada), a la mejor (a lo mejor), no más (“solamente”, hace dos días no más que llegó; cuando va detrás de un adjetivo o de un adverbio equivale a un sufijo reforzador, ahí no más, “ahí mismo”; si se añade a formas verbales adopta un tono enfático, murmuren no más), recién (con valor temporal de inmediatez, sin ir acompañado de participio), también no (por “tampoco”)
  • Empleo peculiar de las conjunciones: cada que (“cuando”, cada que llueve me enfermo), cosa que (con valor final, salí pronto, cosa que te vean tus tíos), pues (ilativa, que adopta formas como pos, po, pus, pué)
  • Los pronombres enclíticos toman siempre la /n / del plural de la tercera persona: vayanse(n), cáyense(n), mirenlo(n)

Pero el rasgo morfológico que caracteriza a una buena parte del español de América es el voseo, consistente en utilizar vos en lugar de tú y de ti, entre iguales y para tratar con personas jerárquicamente inferiores. Y así, se dice vos tenés, en vez de tú tienes; a vos, en vez de a ti; con vos, en vez de conti(go). El pronombre vos es compatible con te (el voseo no posee la forma complementaria os): vos te debés callar (por tú te debes callar). Las formas verbales tenés, debés alternan con tenís y debís, que se usaron también en España, y fueron desterradas por las triunfantes tenéis, debéis (empleadas a veces en la zona del voseo americano, en alternancia con las anteriores).

Para la segunda persona del plural se emplea, en casi toda América, ustedes en vez de vosotros, pero bien concertado con el verbo (ustedes están), y no como en andaluz (ustedes estáis).

El voseo es general en Argentina, Uruguay, Paraguay, América Central y una parte de Méjico (estado de Chiapas). En el resto de Méjico, en la mayor parte de Perú y Bolivia, y en todas las Antillas domina el tuteo como en España. El voseo y el tuteo alternan en las demás zonas de América.

El voseo se originó en un estado de cambio que vivió el español de España en 1500. El tú era empleado para el trato familiar y con inferiores. Para el trato respetuoso se empleaba vos, pronto sustituido por vuestra merced (tratamiento que, por evolución, produjo usted). De esta manera, vos fue quedando sin uso en España, donde se fijó el sistema tú-vosotros / usted-ustedes. Al difundirse usted por América, fue tú el pronombre que quedó relegado en ciertas regiones, y vos descendió a ocupar su puesto para el trato de confianza entre iguales y para inferiores. De esta manera, en las zonas de voseo antes señaladas, se constituyó el sistema:

vos (familiaridad) ustedes

usted (respeto) ustedes

Tipos de voseo

a) pronominal-verbal, en el pronombre y en las desinencias verbales: vos cantás, tenés, partís

b) sólo pronominal, con pronombre VOS y desinencias de tuteo: vos cantas, tienes, partes

c) sólo verbal: voseo en las desinencias verbales, con pronombre TÚ: tú cantás, tenés, partís

Al no existir el pronombre vosotros, sustituido sin excepción por ustedes, en el español de América han desaparecido las desinencias verbales con valor de segunda persona plural: -áis, -éis, -ís. Estas terminaciones, originalmente relativas al plural vosotros, han pasado a ser, en regiones voseantes, desinencias de segunda persona del singular, como en: vos est-áis ‘tú estás’, vos sois ‘tú eres’.

Peculiaridades léxicas

Hay tres componentes importantes en la constitución del léxico hispanoamericano:

a) el patrimonial, adaptado a las nuevas realidades y fuente de las creaciones.

b) el autóctono, adoptado de las lenguas indígenas, generales o particulares.

c) el africano, presente en determinadas zonas, desde la llegada de los esclavos a las costas del Caribe.

PRÁCTICA 1

1.            Haz una redacción de 200 palabras sobre la lengua española. Puedes usar los textos anteriores o cualquier fuente para realizar la tarea.

 

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