La Edad Media del siglo XXI

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En plena Edad Media, etapa que Brasil nunca vivió, muchos colectivos de profesionales se organizaban sector a sector en las incipientes ciudades. Dichas organizaciones, llamadas gremios, ejercían el monopolio para dominar completamente el mercado ante cualquier “intruso” de otra profesión o de otro territorio. De esta forma controlaban las rentas del capital y del trabajo.

La globalización de los mercados debilitó esta institución pero no la suprimió. Aunque el fin  de la Edad Media es contemporáneo de la colonización de Brasil, no implicó que Brasil se librara de esas ideas. De hecho se implantaron por influencia colonial. Sus vestigios se ajustaron a las nuevas condiciones económicas del capitalismo, tanto en los países coloniales como en los colonizados.

Hoy en día los colegios profesionales o “clases” corporativas como la médica son las legítimas herederas de los gremios. Su obsesión se centra en mantener sus “salarios nacionales” en las partes desarrolladas del país. De tal palo, tal astilla.

La función de los gremios es el control monopólico de la formación de la fuerza de trabajo, la demanda de trabajo y la oferta de los “talleres” activos. El objetivo del gremio nada tiene que ver con la calidad del servicio o su extensión social, sino con la conservación de los privilegios frente a los intereses de las mayorías. Esta es la gran diferencia entre un gremio y un sindicato de “clase”, el sindicato armoniza los intereses de toda la clase trabajadora y los universaliza mundialmente.

Hoy en día las barreras gremiales son:

  1. Convalidación casi imposible de títulos académicos. Visados de trabajo restringidos
  2. Boicot a las vacantes médicas del sistema público en áreas empobrecidas.
  3. Promover el servicio sanitario como negocio, priorizando los tratamientos más rentables, así como la investigación de las enfermedades más frecuentes en los grupos sociales más adinerados. Se oponen y debilitan la salud pública universal.

Estas barreras también las sufre el brasileño cuando va al exterior. Es un problema mundial.

El capítulo de este asunto digno de formar parte de la historia universal de la infamia se produjo recientemente en un aeropuerto brasileño. Un grupo de pijas médicas blanquitas, de un país donde muchas personas mueren en los hospitales de enfermedades curables a tiempo, pitando a los médicos internacionalistas negros cubanos, de un país humilde en recursos y minúsculo pero con la mayor tasa de médicos por habitante.

En un mundo dónde medir la calidad de vida en términos cuantitativos es un tema muy discutido y discutible, convendremos que tener la seguridad de que nuestras madres no morirán en un pasillo de un hospital, independientemente del tamaño de nuestra cuenta corriente, es algo más que calidad de vida: un principio humano irrenunciable.

Como decía José Martí, héroe de la independencia cubana, «toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz”.

Queridos alumnos: Realizad una redacción con argumentos a favor y en contra de la llegada de médicos a Brasil. Llevadla a clase y discutid vuestras opiniones con el profesor.

pablo.velasco@laacademia.com.br

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