Volver a casa

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Vuelvo a casa un año después. Atravieso el atlántico de vuelta para encontrarme con mi familia, amigos y reencontrarme con lo mío. Me fui buscando nuevas oportunidades a un lugar húmedo y caluroso, donde es verano todo el año, donde he encontrado los colores y lugares más salvajes que haya visto.

Vuelvo al invierno, al frío, a la lluvia, vuelvo a casa.

Mientras vuelo, no puedo dejar de pensar cómo será volver tras un año. Ya había vivido fuera. La verdad es que la mayor parte del tiempo desde que terminé mis estudios he vivido fuera.  Siempre por varios motivos, aunque al principio era sobre todo por vivir nuevas experiencias, abrir el abanico de culturas, conocer gente diferente. Ver. Ahora, además de estos motivos, es por necesidad, por no encontrar un sitio que en realidad nunca  tuve. Volver siempre me ha puesto nervioso, pero después de un año tan intenso, todavía más.

Mientras me intento acomodar en el incómodo asiento del avión para dormir un poco, intento escribir en mi cabeza qué ha sido vivir este año en Rio: ha sido un tobogán de sensaciones, comprobar que existe otra felicidad, aun cuando las dificultades son importantes. Que las oportunidades llegan si tienes paciencia. Todo el mundo debería vivir un tiempo en este país. También pienso que vuelvo con miedo de pensar que en mi retorno al país del carnaval (que por cierto, me perderé por segunda vez) no vuelva a sentir lo mismo, que ya no sean las mismas sensaciones por lo ya conocido.

Llego a mi ciudad. Veo desde el avión esa maqueta de verdes oscuros, casitas de piedra, pequeños ríos, nubes, frio y lluvia. Llego a casa y es como si nunca me hubiese ido. Disfruto de la gastronomía, cuyos sabores llevamos impresos en la sangre. Eso siempre es mejor. Estoy con mi familia, veo a mis amigos. Mato saudades y voy por las calles tan tranquilo que me da miedo.

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Pregunto cómo está la situación.

–          ¿Está mejorando?, ¿creéis que va a mejor?

–          No hijo, no. No vuelvas por ahora. Quédate donde estás.

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Algunas manifestaciones, protestas, más corruptos que entran en la cárcel. Mis amigos, los que tenían trabajo, siguen más o menos igual, pero con algo de inquietud por si se les acaba. Los que no tenían se han ido también o sobreviven con algún trabajillo esporádico. Mi hermana intenta independizarse, y aunque las cuentas no le dan, lo intentará. Ya ha cumplido los 30. Toca irse de casa.

Todo sigue igual. Yo no. Pero es mi casa. Es difícil irse a un nuevo país a vivir, aunque ya nos vamos acostumbrando. Pero es más difícil todavía saber que no puedes vivir en el lugar en el que naciste, porque no hay lugar para ti. Te queda sí, tu gente.

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Vuelvo a Rio, a mi hogar, cruzo el atlántico de nuevo y escribo en mi cabeza: en casa todo sigue igual. Salgo del avión y el calor húmedo me azota en la cara. Me alegro al pensar que la sensación de felicidad sigue ahí.

Manuel Sanz, profesor de La Academia, escola de espanhol e português

                                               RESPONDE VERDADERO O FALSO:

 

  1. El autor del texto se siente relajado al volver a casa.
  2. Para el autor, Brasil es un buen lugar para vivir nuevas experiencias.
  3. El autor está seguro de que cuando vuelva a Brasil volverá a sentir lo mismo.
  4. El autor siente miedo en las calles de su ciudad al volver.
  5. El autor siente que su experiencia en Brasil le ha cambiado.
  6. El autor se siente fuera de lugar en su ciudad natal.

Escribe tus respuestas a: manuel.sanz@laacademia.com.br

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